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Agrado de contemplación. Este concepto lo leí en su día en un libro sobre arte, y resume la función que cualquier disciplina artística debe cumplir. O al menos así lo creo yo. La fotografía documental o la fotografía denuncia ya es otra cosa.

El placer de la belleza es un efecto especial que se distingue claramente de los placeres no estéticos.

La dificultad para el creador está en tener la capacidad para saber seducir al espectador con su obra.

Hay técnicas para ello, por supuesto. Con independencia de los gustos estéticos de cada momento, hay cuatro conceptos creativos que, tanto en pintura como en fotografía, deben saberse dominar:

- La composición

- La perspectiva

- La luz

- Las texturas

Y un quinto sin el cual todo lo anterior no valdría para nada: la escena. La escena debe transmitir. Transmitir con una mirada, transmitir un momento del día, transmitir un gesto irrepetible... transmitir. 

La transmisión es la conexión del fotógrafo con el espectador, incluso del propio protagonista de la escena con el espectador.

Si el espectador siente que la fotografía le dice algo, le habla, le cautiva, no tendremos sólo la belleza de los colores, de la textura o de la composición, tendremos alma, y poesía, y poder de seducción... aunque sea sólo por unos breves segundos, lo que dura la contemplación de la fotografía.

 

(Modelo: Carmen Serrano)

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Desde los filósofos clásicos a los modernos neurocientíficos se nos ha enseñado a diferenciar en la mente humana a la parte intelectual de la parte emocional.



Así, existen actividades para las que se utiliza básicamente la primera (resolver un problema matemático o redactar un informe) y actividades en las que la parte emocional de la mente es la más utilizada (relaciones afectivas).

Sin embargo hay ciertas actividades ante las que actúan ambas partes de la mente.



Leyendo recientemente el libro Musicofilia del famoso neurólogo y escrito Oliver Sacks, me he encontrado con una serie de afirmaciones en este sentido:



“La música apela a las dos partes de nuestra naturaleza: es esencialmente emocional y esencialmente intelectual. A menudo cuando escuchamos música somos conscientes de ambas: nos conmovemos hasta lo más hondo al tiempo que apreciamos la estructura formal de la composición….los músicos profesionales son capaces de escuchar con un oído objetivo, crítico, para evaluar si todas las minucias de una interpretación son técnicamente correctas. Pero la corrección técnica sola no es suficiente, una vez se alcanza, debe regresar la emoción, o sólo queda un árido virtuosismo. “

Rápidamente he transportado esta idea a la fotografía, donde estoy convencido de que son aplicables al cien por cien estas afirmaciones.



Un fotógrafo experimentado sabrá analizar perfectamente una fotografía y determinar si técnicamente es correcta o no. Si está bien de exposición, de composición, de enfoque…



Pero no hace falta ser un fotógrafo experimentado para sentir emoción por una fotografía, para sentirse trasladado o incluso emocionado por una imagen.



Para llegar a la parte emocional de la mente con una fotografía no es suficiente con la corrección técnica, además, hay que saber qué captar con nuestra cámara y cómo captarlo.



¿Qué hace entonces que una fotografía cree sentimientos, transmita, emocione o simplemente guste al espectador?




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Podemos considerar un día perdido aquél en que no hemos hecho algo que nos ilusione y motive.

Resignarnos a nuestras rutinas diarias, sin interés ni entusiasmo, es morir un poco ese día.

El mundo de la creatividad, de la imaginación, es infinitamente mayor que el mundo real.




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Saber medir la luz a la hora de tomar una fotografía no es difícil. Sólo hay que tener un fotómetro de mano y un poco de paciencia, pues hay que medir una y otra vez, cada vez que cambia la luz, cada vez que cambiamos la ubicación....

 

Otras dos cosas que hay que tener en cuenta son:


En primer lugar, saber qué parte de la escena es la que queremos que salga con la luz correcta, pues a veces hay tanto contraluz que tenemos que elegir. En mis retratos, por supuesto, el rostro de la modelo es el elemento que hay que mimar y, por tanto, ahí es donde hay que sacar la luz clavada, de forma que no haya necesidad de ajustar después con los programas de ordenador, cuanto menos retoque, más natural.

 

Y, en segundo lugar, y no menos importarte: ¡Hacerle caso al fotómetro de mano SIEMPRE! Cuántas veces he medido y después sobre la marcha he corregido porque la cámara me daba una lectura que yo creía que era mejor. Y, claro, ¡ERROR de medición!

 

Cuento esto porque, tengo que confesar, aunque lo había leído mil veces, no hace tanto que me he metido este principio entre ceja y ceja. 

 

Los resultados son, al menos para mí, evidentes. Espero que también lo sean para vosotros.

 

Os adelanto una foto de la sesión realizada a Belinda Gutierrez Tobé, modelo profesional, miss Málaga 2010 y simpática hasta la médula.


Le habré medido la luz más de 50 veces en la sesión.

 

El resto de la sesión lo expondré en breve en una galería en esta web. Espero estar a la altura...




Datos técnicos imagen:

Cámara SONY A7

Objetivo Carl Zeiss 55 mm. 

Velocidad: 1/60

Apertura: f/ 6,3

Luz de relleno en el rostro de la modelo con antorcha led




 

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La juventud es la época de nuestras vidas en la que adoptamos nuestras creencias, nuestros ideales, nuestra forma de entender la vida en común.


En un momento dado, decidimos ser de izquierdas, de derechas, o no ser de nadie, ni de nada.


Toda la formación de nuestros padres, de nuestro colegio, de nuestro entorno, corre el riesgo de dar un giro con sólo una lectura, un discurso, una charla… una canción.



¿Qué es lo que hace que ese mensaje penetre a través de nuestros poros y se convierta en nuestra seña de identidad, en nuestra bandera, para el resto, quizás, de nuestra vida?


Yo creo que es la forma, a veces, lo que nos deja convencer.


Un poema, una canción, una forma de expresarse, que nos cautiva.


Una lectura que nos atrapa y creemos ciegamente en la teoría que ahí se expone, no porque hayamos probado científica o empíricamente su rigor. Simplemente nos gusta cómo se escribió.


Serrat, Bob Dylan, Pablo Milanés, Julián Marías, Quevedo o Luis Garcia Berlanga han forjado, seguro, más ideales políticos en mi generación que Kant, Descartes o Karl Marx.


Quién sabe, en el fondo quizás todos tengamos las mismas creencias, el mismo amor por las personas, por la justicia y  por la alegría de vivir.


Sólo que a unos les ha atrapado una música o un poema diferente que al que haya hecho pensar en la vida a otros.


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